La Frontera entre la Guerra y la Paz está en el Campo

Hace apenas un poco más de un mes, a finales de julio, Catatumbo ha dejado de ser un pueblo desconocido del norte de Colombia para muchos de los que siguen de cerca los procesos por la soberanía alimentaria de los pueblos. Las luchas que iniciaron los campesinos de esta localidad de Santander contra la situación de abandono de la agricultura campesina, indígena y tradicional, mal llamada de subsistencia, a la que a lo largo de los años los distintos gobiernos de turno ha sometido, desbocó en un paro nacional agrario que ha tenido en jaque al gobierno de Santos por más de un mes. Las causas coyunturales de levantamiento de la comunidad de Catatumbo fueron la lucha por conseguir una Zona de Reserva Campesina.

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Campesinos manifestándose durante el Paro Nacional Agrario / Foto de la asociación Sintraemcali

El paro nacional agrario se inició el 19 de agosto en solidaridad con la lucha de Catatumbo y como una clara voz en contra del modelo agrario Colombiano y que Santos está profundizando aún más con la firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC’s) con Estados Unidos y recientemente la Unión Europea. La gota que colmó el vaso fue la ilegalización de semillas nacionales a favor de la obligación del uso de semillas comercializadas por las grandes agroempresas transnacionales[2]. Una medida que resulta una clara ofensiva a la agricultura tradicional al atacar los cimientos de la agrobiodiversidad de la agricultura campesina y fomentar una agricultura homogenizada y dependiente de insumos exteriores. Si la nueva medida impuesta por el gobierno llegara a materializarse supondría no solamente la expulsión de los campesinos de sus medios de vida sino la pérdida de diversidad en centenares de especies autóctonas que la agricultura campesina ha cultivado a lo largo de milenios.

La respuesta del gobierno ante la masiva participación de el paro nacional fue la represión y el intento de silenciarla. Según César Jerez, líder campesino del Catatumbo, hubieron ejecuciones extraoficiales a campesinos armados con palos y piedras. Cuatro muertos en Cataumbo y 11 más en el resto del país han teñido este episodio en Colombia, sumados  a los 85 detenidos y centenares de heridos. Aún y la violencia ejercido por el Estado las movilizaciones crecieron  a lo largo del país llegando a sumar más de 10.000 campesinos. Más allá del campo, en las grandes ciudades el movimiento estudiantil y otros sectores de la sociedad se sumaron en solidaridad al paro agrario.

Video de la represión y violencia ejercida por el Ejército en Cataumbo días antes del Paro Nacional Agrario / Agencia Prensa Rural.

Actualmente Colombia es de los pocos países de la región sudamericana que abrazan abiertamente las doctrinas neoliberales. Ésto ha tenido unas consecuencias muy fuertes en la sociedad en general y en el agro. Partiendo de la base que la estructura rural en Colombia se podría describir como un rompecabezas de conflictos; militarización y paramilitarización de las zonas rurales, actividades de narcotráfico y existencia de guerrilla rural; esto se le suma una fuerte presencia de empresas transnacionales agroalimentarias y agropecuarias que acaparan la mayoría del territorio, una población campesina cada vez con menor acceso a la tierra y un porcentaje de desplazados muy significativo: se estima que son cerca de cinco millones de personas las que han tenido que abandonar las tierras por culpa del conflicto armado y el narcotráfico.

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Un manifestante sostiene una pancarta en apoyo al paro nacional en Bogotá, el 26 de agosto de 2013. | AP

Actualmente distintas asociaciones de campesinos están trabajando en la Cumbre Nacional Agraria Popular (CNAP) que tiene previsto realizarse en el mes de octubre de 2013 para pactar con el Gobierno un nuevo modelo de desarrollo agrario que incluya lo sectores más perjudicados de la crisis agraria: campesinas, afrocolombianas e indígenas y revierta las políticas del despojo y la desigualdad. Gracias al paro nacional los sectores más desprotegidos tendrás una mayor voz en la negociación y pretenden revertir la presión de los territorios que los TLCs están haciendo en la soberanía alimentaria nacional: proteger la agricultura campesina, pedir políticas públicas a favor del campesinado y un nuevos canales agrario que permita la producción para la población interna y una menor militarización del campo. En resumen incentivar lo que para  Miguel Altieri y Clara Nicholls (2010) responde a la soberanía alimentaria: la única alternativa para promover circuitos locales de producción-consumo y acciones organizadas para lograr tanto el acceso a la tierra, como agua y agrobiodiversidad, entre otros, recursos clave que las comunidades rurales deben controlar para poder producir alimentos con métodos agroecológicos.

Como reflexión final sólo apuntar una última idea, el paro agrario y la actual negociación de los movimientos sociales con el gobierno se está dando al mismo tiempo que Gobierno y FARC mantienen los diálogos de paz  en la Habana. Un factor que en cierta manera podría llegar a condicionar al gobierno a tener una postura más dialogante con los movimientos campesinos, ya que probablemente si fracasan las negociaciones con la CNAP, el gobierno tampoco avanzaría en las negociaciones con las FARC.

 

RECOMENDACIONES

Les dejo con el documental de 9.70 de Victoria Solano en el que se  relata los impactos de la resolución 9.70 en el campo colombiano. El documental narra la historia de un grupo de campesinos a los que el Gobierno de Colombia le incautó y destruyó 70 toneladas de arroz bajo las ordenanzas de la resolución 9.70 y en en defensa de los intereses de empresas trasnacionales. Dicha resolución se enmarca en el  Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos.

 

REFERENCIAS

ALTERI, M. y NICHOLLS, C. (2000), Teoría y práctica para una agricultura sustentable, PNUD, México.

ALVÁREZ, N. (1996) “Breve vistazo histórico a la pérdida de la biodiversidad a través de la agricultura depredadora” Ecología Política, Barcelona.

DORADO, F. (2012), “La fuerza e impacto del Paro Nacional Agrario”, telesur, disponible en: http://www.telesurtv.net/articulos/2013/08/27/colombia-la-fuerza-e-impacto-del-paro-nacional-agrario-970.html

GRAIN, (2007) “La recolonización: nuevos acuerdos, viejas jugarretas”, disponible en http://www.bilaterals.org/IMG/pdf/fightingFTA-es-Hi-1-a-la_recolonizacion-nuevos-acuerdos-viejas-jugarretas.pdf

HERNANDEZ NAVARRO, L. Et al. (2009), “Crisis y soberanía alimentaria: Via Campesina y el tiempo de una idea.” El  Cotidiano, núm. 153, pp. 89-95. Universidad Autónoma Metropolitana, Distrito Federal, México.a

ORDOÑEZ GÓMEZ, F. (2011), Zonas de Reserva Campesina. Elementos Introductorios y de Debate, ILSA, Colombia.

PENGUE, W. (2007) “América Latina: la artificialización de la agricultura en la región”, publicado en Ecoportal.

PNUD, (2010), Incorporación del conocimiento tradicional asociado a la agrobiodiversidad en agro-ecosistemas colombianos, Colombia.

PNUD (2011), Colombia rural, razones para la esperanza, Colombia. Disponible en: http://www.pnud.org.co


[1] Las declaraciones de César Jérez han sido extraídas de una videoconferencia que se realizó en el Il·lustre Col·legi d’Advocats de Barcelona bajo el título “Videoconferència amb el líder del moviment camperol a Colòmbia: ‘Què està passant a Colòmbia amb l’atur agrari?’ celebrado el 19 de setiembre del 2013.

[2] El gobierno colombiano no ha firmado el Tratado Internacional de los Recursos Fitogénicos para la Alimentación y la Agricultura (2001) de las Naciones Unidas que establece el derecho de la comunidades indígenas, locales y de las comunidades agrícolas a conservar, utilizar, intercambiar y vender libremente semillas y otros materiales tradicionales de propagación. Por ello pudo impulsar la prohibición del uso de semillas campesinas.